Amaneció igual, lloviendo a ratos. En el dormitorio nuestro sólo había otra señora, así que había sido una noche muy tranquila. Nos levantamos a eso de las siete, nos fuimos a desayunar al lado y a esperar a que aclarara.
Listos para salir de Arzúa en la lluvia, noten mi glamoroso calzado, digno de "Sex and the City"
Lloviznaba cuando salimos y decidimos ir por la carretera pues el camino sería un barrial. Ibamos ya forrados y pronto empezó el aguacero. Así fuimos hasta pasado Amenal, donde empezó el camino asfaltado, todavía con varias cuestillas fuertes para quemar los muslos. Llegamos a Monte de Gozo, donde no pudimos ver las torres de la catedral, pero nos tomamos foto en el monumento que hicieron cuando anduvo por allí Juan Pablo II.
En Monte de Gozo, afueras de Santiago
Entramos a Santiago y como íbamos totalmente empapados, decidimos que era más sensible parar primero en el albergue; escogimos uno que se llama Albergue Privado Acuario, que resultó ser muy "piecito"; nos duchamos, secamos las jackets y salimos a caminar por la ciudad, visitar la catedral y conseguir la Compostela.
Catedral de Santiago de Compostela
Paramos en una churrería y nos tomamos un chocolate con un bocadillo que nos supo delicioso.
Oscar leyéndonos el "tour" de la catedral
Visitamos la Catedral, tan impresionante como la recordaba del '86. Luego a la Oficina del Peregrino, donde presentamos nuestras credenciales (llenamos dos cartoncitos), llenamos un formulario y salimos con sendos certificados; el de Oscar y mío en latín (porque dijimos que una de las razones para hacerlo era religiosa) y Miguel con una en español (porque su razón era cultural), a lo que Miguel dijo que le fue mejor a él pues podía entender lo que decía... También, toman nota del lugar de origen de los peregrinos, pues los mencionan entonces en la misa del peregrino del día siguiente.
Mi Compostela
Compostela de Miguel
Buscamos la oficina de turismo, que resultaron ser dos (una de la ciudad y otra de Galicia), donde nos dieron una lista de pensiones y casas de huéspedes y también información del tour a Finisterre. Este último porque, aunque conseguimos llegar con suficiente tiempo para continuar en bici hasta "el fin del mundo", la verdad ninguno quería seguir llevando lluvia...
Y lo de alojamiento porque en los albergues de peregrinos sólo te permiten quedarte una noche; y, de por sí, en este albergue sí que no nos tentaba quedarnos más de lo necesario...
Con Oscar, Praza do Obradoiro
Así que, para el día siguiente, encontramos un cuarto triple en una pensioncita administrada por un inglés allí en el puro centro. Ya con la dormida resuelta, nos apuntamos al tour a Finisterre, que saldría también del centro.
Bicigrino danés, satifecho
Oscar se fue a ver si podía cambiar su boleto de tren y nosotros caminamos a la estación de autobuses, donde compramos boletos para autobús Santiago - Sevilla (durante la noche) y de ahí a Málaga. Cuando volvimos los tres al albergue, el lugar estaba repleto.
Bicigrino cartago, buscando alojamiento
Nos sentamos a conversar con Barry, un canadiense que también vino en bici y luego nos fuimos a un super a comprar la cena, aunque limitados, pues en el albergue sólo había platos, jarros y algunos cubiertos, pero nada para calentar y para lavar sólo en los lavatorios de los baños... Por dicha, ya era la última noche de albergue, pues éste no estaba muy limpio, estaba muy húmedo y muy hacinado!
Nos levantamos a las 7, puse la ropa a terminar de secar en la secadora, nos alistamos, desayunamos y ya sacamos las bicis. Al salir, iban también saliendo una madre e hija de Vancouver, que venían desde Roncesavalles, la madre de 78 años!
Miguel, camino a Palas de Rei
Galicia
Goteaba un poco cuando salimos, nos fuimos por carretera - una subida de 11 km - hasta Hospital da Cruz, donde nos metimos al camino, que seguía una ruta preciosa hasta Palas de Rei, donde paramos en un café muy local y familiar, donde nos tomamos un café, bocadillos y una sidra. Justo al salir, a eso de la una, empezó a gotear otra vez.
Un albergue apenas para Oscar
Ya más cerca!
Seguimos por el camino, precioso, pasando por la poza de Lagua (donde Miguel pasó como si nada por las piedras con la bici y nosotros caminamos...), las corredoiras, donde Miguel tomó video, etc, hasta que, despues después de Leboreiro, se vino el aguacero.
Horreo, cerca de Palas de Rei
Corredoiro
Encontramos un edificio a la orilla del cual nos guarecimos y esperamos por un rato; cuando parecía que era menos, seguimos y se volvió a remachar.
Y llovió, llovió, llovió...
Para cuando llegamos a Mélide, estábamos empapadititicos (por sudor y lluvia). Entramos a una pizzería donde nos tomamos un chocolate y llamé a reservar en el albergue Don Quijote, en Arzúa. Dejó de llover un poco, nos pusimos de nuevo las capas empapadas y decidimos ir por carretera. Saliendo, Miguel enjuagó las bicis en una gasolinera, para quitarles un poco el barro.
Estilandititico...
Fueron 15km muy laaargos, con algo de lluvia y luego sol, hasta que, pasado Ribadiso de Baixo, entramos por el camino y en Arzúa, ya nos esperaba la hospitalera en la entrada del albergue, para llevarnos a guardar las bicis en el parqueo cerrado del edificio, y meter nuestras cosas. Cuando salimos de ducharnos, estaba otra vez aguacero. Pusimos ropa a lavar y nos fuimos a sentar al bar de al lado, donde pasamos el resto de la tarde y noche, revisando internet, leyendo, comiendo algo, tomándonos una sidra, mientras afuera llovía y llovia.
Durante la noche, ya oí lluvia suave un par de veces, pero dormimos muy bien, hasta pasadas las 7am.
Bajando el Alto do Poio, bien forrados para la lluvia
Estaba con neblina y lloviznando, así que nos metimos a desayunar con calma y las 9, luego de un chubasco, nos despedimos de Remedios y, con todo bien forrado - nosotros incluídos - empezamos a bajar por la carretera hasta Triacastela.
Miguel en Triacastela
De allí, tomamos la variante hacia Samos, donde llegamos a las 10 pasadas (prácticamente todo cuesta abajo) y el monasterio tenía una única visita a las 12:45, después de la misa. Nos metimos a un bar a tomar un chocolate caliente, luego fuimos a visitar la Capilla del Ciprés (año 980), donde la muchacha del albergue ofreció venir a hacernos la explicación.
Río Oribio
Capilla del Ciprés, Samos
Para entonces, ya era hora de la misa, así que ahí fuimos. Celebrada por como seis curas. Luego fuimos a la visita guiada por un monje benedictino joven (uno de los trece que hay en el monasterio).
Monasterio Benedictino de San Julián, Samos
El monasterio se ha quemado dos veces, una vez por la explosión de una "licorería", así que nos llamó la atención que ahora tengan una gasolinera en un costado!!
Visita a Monasterio, Samos
Fuimos saliendo a las 2pm, por carretera, hacia Sarria; la tarde seguía nublada. Por el camino, íbamos oyendo una combinación de truenos y bombetas, pues por Lugo, varios pueblos estaban celebrando San Froilán. En Sarria, paramos en una pastelería donde nos comimos un bocadillo con un café. Salimos y ya fue cuesta arriba por la carretera, pasando lecherías, chancheras, milpas (que usan más que nada para alimento de ganado).
Camino a Portomarín
La ruta por carretera es como 6km más larga, pero los paisajes muy verdes y lindos. En un punto, Oscar paró a ponerse el pantalón de lluvia y nosotros seguimos para que a los 600 metros nos tocara correr a hacer lo mismo, pues estaba empezando a llover. Resultó ser sólo una llovizna que paró al empezar a bajar y ahí Oscar dijo que el freno trasero de su bici no frenaba. Lo revisamos y estaba bien gastado. Lo ajustaron y seguimos bajando hasta pasar el puente sobre el río Loio y de allí, ya vimos el área del embalse de Belesar, del río Miño (casi vacío en esta época), cruzamos otro puente y ya fue un cuestón para subir al pueblo de Portomarín (reubicado en ese lugar en 1962 por la construcción del embalse).
Embalse de Belesar, Portomarín
Buscando el albergue de Ferramenteiros, paramos en el super, que estaba abierto aún siendo domingo; allí nos encontramos a los italianos, que estaban quedándose en otro albergue donde sólo quedaban cuatro plazas. Decidimos ir a probar suerte a Ferramenteiro y resultó ser un lugar nuevo (abierto en 2005), casi vacío, super cómodo, con un gran espacio cerrado dedicado a guardar bicis, amplia cocina y hasta una sala con tele y Canal Plus (un servicio de cable) para ver el partido de fútbol que Oscar quería.
Albergue Ferramenteiro, Portomarín
Nos duchamos, pusimos ropa a lavar (muy necesario!), la guindamos en un amplia área techada para ello y nos fuimos a comer. Preguntamos a un señor del pueblo que nos recomendara una "pulpería" (donde venden pulpo, no confites) y nos mandó donde Pérez, pero claro, no eran ni las siete y no estaba abierto, así que dimos una vuelta por la plaza de la iglesia, que fue reubicada piedra por piedra numerada de donde estaba, en lo que ahora es el embalse. Llegamos a la Pulpería Pérez de primeros clientes y ordenamos el Menú del Peregrino: Oscar pidió cayos, nosotros caldo gallego, vino blanco Albariño (uva gallega) y luego pulpo, que vino con papas, delicioso todo y para terminar, por si nos quedaba algo de campo, queso con jalea de membrillo. Acabamos repletos y super satisfechos!
Iglesia de San Nicolás, trasladada piedra por piedra, Portomarín
Bajamos al super, compramos algo para desayunar en el albergue y una botella de tinto "Mecía" (otra uva gallega). Llegamos al albergue a tiempo para ver el partido Real Madrid - Sevilla, con la intermitente participación de Diana, la hospitalera, que es seguidora del Barca, así que acabó muy contenta con el resultado final. Durante la noche estuvo lloviendo.
A las seis y cuarto empezó a moverse la gente en nuestra habitación (a Oscar le había tocado aparte), así que bajé a ver las bicis y la ropa lavada, que puse en la secadora.
Ponferrada
Alistamos cosas, comimos el mediocre desayuno y salimos a las 8:10. Estaba a 6 grados, así que íbamos bien forrados y con los dedos congelados. Rapidito entramos a Ponferrada, agradeciendo que era sábado en la mañana y nohabía mucho tráfico.
Ponferrada
Castillo Templario, Ponferrada
Pasamos por el centro, vimos el Castillo Templario (por fuera pues no abrían aún) y ya salimos, siguiendo el camino hasta Cacabelos y luego por la carretera nacional hasta Villafranca del Bierzo, donde visitamos un par de iglesias y encontramos de nuevo a nuestro amigo brasileño "el peregrino veloz" (a quien de hecho vimos cuando nos pasó en un carro, saliendo de Ponferrada) y paramos a comernos algo de fruta con yogurt.
Castillo de los Marqueses, Villafranca del Bierzo
Iglesia de Santiago, Villafranca del Bierzo
Ya era mediodía y salimos siguiendo el camino que va a la orilla de la carretera nacional N-VI (que va prácticamente debajo de una gran autovía por mucho del recorrido) hasta llegar a Vega de Valcarce (cruzamos varias veces el río Valcarce) y ya seguimos a Herrerías, un pueblito pequeño donde encontramos un veintiúnico bar donde nos comimos un bocadillo y un café y, como la tarde estaba muy linda, decidimos seguir adelante y empezar a subir O Cebreiro.
Camino, carretera nacional y autovía
Vega de Valcarce
Herrerías
Y vamos subiendo...
A partir de un lugar llamado Hospital, yendo por la carretera, se puso dura la cuesta y los caballeros me dejaron atrás. En el cruce de Faba, Miguel comentó que estaba 32 grados! y sí, los tres íbamos empapados (y ya nos habíamos apeado varias capas de abrigo).
Me estarían tratando de dar incentivos??
Allí, tuve que parar para recuperar el aliento y tomar algo de agua. Empujé un poquito, pero resulta ser más esfuerzo que pedalear, así que como pude, me volví a montar y a poquitos seguí pedaleando. No me imagino cómo me habría ido de haber tratado por el camino, seguro habría durado dos días!
A la izquierda va la carretera, en el centro, el camino, jamás habría subido con la bici por ahí!
Otra paradita y ya de ahí a Lagúa de Castela - Miguel tenía suficiente energía para ir adelante y tomar fotos.
En Lagúa, Miguel se comió un helado mientras yo me recuperaba. Arrancamos de nuevo para los últimos kilómetros, poco a poco hasta que llegamos a O Cebreiro, donde llegamos muy contentos. En la cima hay un pueblito, muy turístico y típico y estaban llegando muchos peregrinos esa tarde, así que decidimos seguir un poco más hasta el Alto do Poio.
Subiendo, poco a poco...
O Cebreiro
Llegamos a O Cebreiro, qué alivio!
Seguimos por la carretera, todavía subiendo un poco más y con algunas bajaditas, pero ya con el viento frío y mi garganta, entre la sed y el resfrío, se sentía en carne viva. Paramos a rebuscar y encontramos unas Strepsil que me aliviaron montones. Paramos en el Alto de San Roque, donde nos tomamos foto en el monumento al Peregrino y le tomamos a otro joven bicigrino que llegó en ese momento y planeaba seguir hasta Samos esa misma tarde.
En el Alto de San Roque, monumento al Peregrino
En el Alto do Poio, fuimos al albergue de doña Remedios, que resultó muy básico pero ellos simpatiquísimos, especialmente la señora, una gallega muy amable y conversadora.
Las bicis durmieron calentitas con los cerdos y las gallinas
Con Remedios, la hospitalera de Alto do Poio
Nos bañamos, vimos salir la luna llena entre las montañas y cenamos buen caldo gallego y ternera y ya al salir, de acuerdo con el pronóstico, ya estaba nublándose.