domingo 8 de noviembre de 2009

7 Octobre, Día 17: Finisterre en autobús


Me levanté antes de las siete y salí al salón/comedor con mis alforjas, para acomodarlas (el día anterior habíamos tenido que sacar todo para secarlo, pues nuestras alforjas resisten el agua pero no son a prueba de agua, algo para el futuro). Resultaque éramos bastantes en la misma tarea: varios seguían caminando a Finisterre, otros que iban en autobús y los menos, que ya tomaban su vuelo o tren de vuelta a casa.

Conversamos con un ciclista irlandés, quien vino desde Irlanda y sigue ahora a Portugal y ya, a las 8:30, salimos. Llegamos a la pensión, donde rapidito subimos las bicis, las amarramos y dejamos las alforjas en el cuarto/oficinita del inglés, pues la habitación estaba todavía ocupada. Todo esto, y yo estaba muy apurada, pues creía que íbamos tarde, mientras que Miguel y Oscar sólo me seguían. Resulta que llegamos al punto de encuentro y todavía teníamos como 20 minutos...

El bus llegó a las 9:30 y la guía, Cristina, resultó muy simpática e informativa, hablándonos de historia, cultura gallega, geología, economía y otras cosas. Eramos como quince personas, 2 argentinas, un manchego, una pareja catalana muy ruidosa, una pareja madrileña, cuatro italianos y un alemán que resultó ser también un bicigrino. Y el día, puro temporal, lloviendo intermitentemente (nos habríamos empapado en las bicis).

En el recorrido por las rías, visitamos Noia, donde vimos una iglesia y un museo de lápidas antiguas.

Iglesia de San Martín, Noia

Noia

Luego a Muros, donde aprovechamos la parada para entrar en una pulpería y comernos un pulpo delicioso.

Muros

Pulpo a la gallega, Muros

Seguimos a Carnota, para ver el horreo más grande de Galicia (éstos son graneros hechos en alto para evitar ratones y humedad).

Horreo

Luego, ya a Finisterre, donde primero paramos a almorzar: empanada gallega, calamares y pescado, regadito con vino albariño.

Y finalmente, llegamos al Cabo Finisterre, donde nos llamó la atención que al sur del cabo, esta lleno de nubarrones y al norte, aclarándose, mientras soplaban vientos de más de 20 nudos.



En Cabo Finisterre
Encontramos un mojón que marca 0 km. Parece que habíamos terminado este viaje.

En el kilómetro 0, Cabo Finisterre

De regreso a Santiago todo el mundo se pegó su siestica y cuando llegamos a la pensión, ya nuestras alforjas estaban en la habitación.


viernes 23 de octubre de 2009

6 Octobre, Día 16: Arzúa - Santiago de Compostela

Distancia recorrida: 41 km



Amaneció igual, lloviendo a ratos. En el dormitorio nuest
ro sólo había otra señora, así que había sido una noche muy tranquila. Nos levantamos a eso de las siete, nos fuimos a desayunar al lado y a esperar a que aclarara.

Listos para salir de Arzúa en la lluvia, noten mi glamoroso calzado, digno de "Sex and the City"

Lloviznaba cuando salimos y decidimos ir por la c
arretera pues el camino sería un barrial. Ibamos ya forrados y pronto empezó el aguacero. Así fuimos hasta pasado Amenal, donde empezó el camino asfaltado, todavía con varias cuestillas fuertes para quemar los muslos. Llegamos a Monte de Gozo, donde no pudimos ver las torres de la catedral, pero nos tomamos foto en el monumento que hicieron cuando anduvo por allí Juan Pablo II.

En Monte de Gozo, afueras de Santiago

Entramos a Santiago y como íbamos totalmente empapados, decidimos que era más sensible parar primero en el albergue; escogimos uno que se llama Albergue Privado Acuario, que resultó ser muy "piecito"; nos duchamos, secamos las jackets y salimos a caminar por la ciudad, visitar la catedral y conseguir la Compostela.


Catedral de Santiago de Compostela

Param
os en una churrería y nos tomamos un chocolate con un bocadillo que nos supo delicioso.

Oscar leyéndonos el "tour" de la catedral

Visitamos la Catedral, tan impresionante como la recordab
a del '86. Luego a la Oficina del Peregrino, donde presentamos nuestras credenciales (llenamos dos cartoncitos), llenamos un formulario y salimos con sendos certificados; el de Oscar y mío en latín (porque dijimos que una de las razones para hacerlo era religiosa) y Miguel con una en español (porque su razón era cultural), a lo que Miguel dijo que le fue mejor a él pues podía entender lo que decía... También, toman nota del lugar de origen de los peregrinos, pues los mencionan entonces en la misa del peregrino del día siguiente.


Mi Compostela


Compostela de Miguel

Buscamos la oficina de turismo, que resultaron ser dos (una de la ciudad y otra de Galicia), donde nos dieron una lista de pensiones y casas de huéspedes y también información del tour a Finisterre. Este último porque, aunque conseguimos llegar con suficiente tiempo para continuar en bici hasta "el fin del mundo", la verdad ninguno quería seguir llevando lluvia...




Y lo de alojamiento porque en los albergues de peregrinos sólo te permiten quedarte una noche; y, de por sí, en este albergue sí que no n
os tentaba quedarnos más de lo necesario...

Con Oscar, Praza do Obradoiro

Así que, para el día siguiente, encontramos un cuarto t
riple en una pensioncita administrada por un inglés allí en el puro centro. Ya con la dormida resuelta, nos apuntamos al tour a Finisterre, que saldría también del centro.

Bicigrino danés, satifecho

Oscar se fue a ver si podía cambiar su boleto de tren y nosotros caminamos a la estación de autobuses, donde compramos boletos para autobús Santiago - Sevilla (durante la noche) y de ahí a Málaga. Cuando volvimos los tres al albergue, el lugar estaba repleto.

Bicigrino cartago, buscando alojamiento

Nos sentamos a conversar con Barry, un canadiense que también vino en bici y luego nos fuimos a un super a comprar la cena, aunque limitados, pues en el albergue sólo había platos, jarros y algunos cubiertos, pero nada para calentar y para lavar sólo en los lavatorios de los baños... Por dicha, ya era la última noche de albergue, pues éste no estaba muy limpio, estaba muy húmedo y muy hacinado!



5 octubre, Día 14: Portomarín - Arzúa

Distancia recorrida: 56km



Nos levantamos a las 7, puse la ropa a terminar de secar en la secadora, nos alistamos, desayunamos y ya sacamos las bicis. Al salir, iban también saliendo una madre e hija de Vancouver, que venían desde Roncesavalles, la madre de 78 años!

Miguel, camino a Palas de Rei

Galicia

Goteaba un poco cuando salimos, nos fuimos por carret
era - una subida de 11 km - hasta Hospital da Cruz, donde nos metimos al camino, que seguía una ruta preciosa hasta Palas de Rei, donde paramos en un café muy local y familiar, donde nos tomamos un café, bocadillos y una sidra. Justo al salir, a eso de la una, empezó a gotear otra vez.
Un albergue apenas para Oscar

Ya más cerca!

Seguimos por el camino, precioso, pasando por la poza de Lagua (donde Miguel pasó como si nada por las piedras con la bici y nosotros caminamos...), las corredoiras, donde Miguel tomó video, etc, hasta que, despues después de Leboreiro, se vino el aguacero.

Horreo, cerca de Palas de Rei


Corredoiro

Encontramos un edificio a la orilla del cual nos guarecimos y esperamos por un rato; cuando parecía que era menos, seguimos y se volvió a rema
char.

Y llovió, llovió, llovió...

Para cuando llegamos a Mélide, estábamos empap
adititicos (por sudor y lluvia). Entramos a una pizzería donde nos tomamos un chocolate y llamé a reservar en el albergue Don Quijote, en Arzúa. Dejó de llover un poco, nos pusimos de nuevo las capas empapadas y decidimos ir por carretera. Saliendo, Miguel enjuagó las bicis en una gasolinera, para quitarles un poco el barro.

Estilandititico...

Fueron 15km muy la
aargos, con algo de lluvia y luego sol, hasta que, pasado Ribadiso de Baixo, entramos por el camino y en Arzúa, ya nos esperaba la hospitalera en la entrada del albergue, para llevarnos a guardar las bicis en el parqueo cerrado del edificio, y meter nuestras cosas. Cuando salimos de ducharnos, estaba otra vez aguacero. Pusimos ropa a lavar y nos fuimos a sentar al bar de al lado, donde pasamos el resto de la tarde y noche, revisando internet, leyendo, comiendo algo, tomándonos una sidra, mientras afuera llovía y llovia.


Murió Mercedes Sosa...

miércoles 21 de octubre de 2009

4 octubre, Día 13: Alto del Poio - Portomarín

Distancia recorrida: 68.5 km


Durante la noche, ya oí lluvia suav
e un par de veces, pero dormimos muy bien, hasta pasadas las 7am.

Bajando el Alto do Poio, bien forrados para la lluvia

Estaba con neblina y lloviznando, así que nos metim
os a desayunar con calma y las 9, luego de un chubasco, nos despedimos de Remedios y, con todo bien forrado - nosotros incluídos - empezamos a bajar por la carretera hasta Triacastela.

Miguel en Triacastela

De allí, tomamos la variante hacia Samos, donde llegamos a las 10 pasadas (prácticamente todo cuesta abajo) y el monasterio tenía una única visita a las 12:45, después de la misa. Nos metimos a un bar a tomar un chocolate caliente, luego fuimos a visitar la Capilla del Ciprés (año 980), donde la muchacha del albergue ofreció venir a hacernos la explicación.

Río Oribio

Capilla del Ciprés, Samos

Para entonces, ya era hora de la misa, así que ahí fuimos. Celebrada por como seis curas. Luego fuimos a la visita guiada por un monje benedictino joven (uno de los trece que hay en el monasterio).

Monasterio Benedictino de San Julián, Samos

El monasterio se ha quemado dos veces, una ve
z por la explosión de una "licorería", así que nos llamó la atención que ahora tengan una gasolinera en un costado!!

Visita a Monasterio, Samos

Fuimos saliendo a las 2pm, por carretera, hacia S
arria; la tarde seguía nublada. Por el camino, íbamos oyendo una combinación de truenos y bombetas, pues por Lugo, varios pueblos estaban celebrando San Froilán. En Sarria, paramos en una pastelería donde nos comimos un bocadillo con un café. Salimos y ya fue cuesta arriba por la carretera, pasando lecherías, chancheras, milpas (que usan más que nada para alimento de ganado).

Camino a Portomarín

La ruta por carretera es como 6km más larga, pero los paisajes muy verdes y lindos. En un punto, Oscar paró a ponerse el pantalón de lluvia y nosotros seguimos para que a los 600 metros nos tocara correr a hacer lo mismo, pues estaba empezando a llover. Resultó ser sólo una llovizna que paró al empezar a bajar y ahí Oscar dijo que el freno trasero de su bici no frenaba. Lo revisamos y estaba bien gastado. Lo ajustaron y seguimos bajando hasta pasar el puente sobre el río Loio y de allí, ya vimos el área del embalse de Belesar, del río Miño (casi vacío en esta época), cruzamos otro puente y ya fue un cuestón para subir al pueblo de Portomarín (reubicado en ese lugar en 1962 por la construcción del embalse).

Embalse de Belesar, Portomarín

Buscando el albergue de Ferramenteiros, paramos en el super, que estaba abierto aún siendo domingo; allí nos encontramos a los italianos, que estaban quedándose en otro albergue donde sólo quedaban cuatro plazas. Decidimos ir a probar suerte a Ferramenteiro y resultó ser un lugar nuevo (abierto en 2005), casi vacío, super cómodo, con un gran espacio cerrado dedicado a guardar bicis, amplia cocina y hasta una sala con tele y Canal Plus (un servicio de cable) para ver el partido de fútbol que Oscar quería.

Albergue Ferramenteiro, Portomarín

Nos duchamos, pusimos ropa a lavar (muy necesario!), la guindamos en un amplia área techada para ello y nos fuimos a comer. Preguntamos a un señor del pueblo que nos recomendara una "pulpería" (donde venden pulpo, no confites) y nos mandó donde Pérez, pero claro, no eran ni las siete y no estaba abierto, así que dimos una vuelta por la plaza de la iglesia, que fue reubicada piedra por piedra numerada de donde estaba, en lo que ahora es el embalse.

Llegamos a la Pulpería Pérez de primeros clientes y ordenamos el Menú del Peregrino: Oscar pidió cayos, nosotros caldo gallego, vino blanco Albariño (uva gallega) y luego pulpo, que vino con papas, delicioso todo y para terminar, por si
nos quedaba algo de campo, queso con jalea de membrillo. Acabamos repletos y super satisfechos!

Iglesia de San Nicolás, trasladada piedra por piedra, Portomarín

Bajamos al super, compramos algo para desayunar en el albergue y una botella de tinto "Mecía" (otra uva gallega). Llegamos al albergue a tiempo para ver el partido Real Madrid - Sevilla, con la intermitente participación de Diana, la hospitalera, que es seguidora del Barca, así que acabó muy contenta con el resultado final. Durante la noche estuvo lloviendo.

3 octubre, Día 12: Molinaseca - Alto del Poio

Distancia recorrida: 72.5 km



A las seis y cuarto empezó a moverse la gente en nuestra habitación (a Oscar le había tocado aparte), así que bajé a ver las bicis y la ropa lavada, que puse en la secadora.

Ponferrada

Alistamos cosas, comimos el mediocre desayuno y salimos a las 8:10. Estaba a 6 grados, así que íbamos bien forrados y con los dedos congelados. Rapidito entramos a Ponferrada, agradeciendo que era sábado en la mañana y no había mucho tráfico.

Ponferrada

Castillo Templario, Ponferrada

Pasamos por el centro, vimos el Castillo Templario (por fuera pues no abrían aún) y ya salimos, siguiendo el camino hasta Cacabelos y luego por la carretera nacional hasta Villafranca del Bierzo, donde visitamos un par de iglesias y encontramos de nuevo a nuestro amigo brasileño "el peregrino veloz" (a quien de hecho vimos cuando nos pasó en un carro, saliendo de Ponferrada) y paramos a comernos algo de fruta con yogurt.

Castillo de los Marqueses, Villafranca del Bierzo

Iglesia de Santiago, Villafranca del Bierzo

Ya era mediodía y salimos siguiendo el camino que va a la orilla de la carretera nacional N-VI (que va prácticamente debajo de una gran autovía por mucho del recorrido) hasta llegar a Vega de Valcarce (cruzamos varias veces el río Valcarce) y ya seguimos a Herrerías, un pueblito pequeño donde encontramos un veintiúnico bar donde nos comimos un bocadillo y un café y, como la tarde estaba muy linda, decidimos seguir adelante y empezar a subir O Cebreiro.

Camino, carretera nacional y autovía

Vega de Valcarce

Herrerías

Y vamos subiendo...

A partir de un lugar llamado Hospital, yendo por la carretera, se puso dura la cuesta y los caballeros me dejaron atrás. En el cruce de Faba, Miguel comentó que estaba 32 grados! y sí, los tres íbamos empapados (y ya nos habíamos apeado varias capas de abrigo).

Me estarían tratando de dar incentivos??

Allí, tuve que parar para recuperar el aliento y tomar algo de agu
a. Empujé un poquito, pero resulta ser más esfuerzo que pedalear, así que como pude, me volví a montar y a poquitos seguí pedaleando. No me imagino cómo me habría ido de haber tratado por el camino, seguro habría durado dos días!
A la izquierda va la carretera, en el centro, el camino, jamás habría subido con la bici por ahí!

Otra paradita y ya de ahí a Lagúa de Castela - M
iguel tenía suficiente energía para ir adelante y tomar fotos.


En Lagúa, Miguel se comió un helado mi
entras yo me recuperaba. Arrancamos de nuevo para los últimos kilómetros, poco a poco hasta que llegamos a O Cebreiro, donde llegamos muy contentos. En la cima hay un pueblito, muy turístico y típico y estaban llegando muchos peregrinos esa tarde, así que decidimos seguir un poco más hasta el Alto do Poio.

Subiendo, poco a poco...

O Cebreiro


Llegamos a O Cebreiro, qué alivio!

Seguimos por la carretera, todavía subiendo un poco más y con algunas bajaditas, pero ya con el viento frío y mi garganta, entre la sed y el resfrío, se sentía en carne viva. Paramos a rebuscar y encontramos unas Strepsil que me aliviaron montones. Paramos en el Alto de San Roque, donde nos tomamos foto en el monumento al Peregrino y le tomamos a otro joven bicigrino que llegó en ese momento y planeaba seguir hasta Samos esa misma tarde.

En el Alto de San Roque, monumento al Peregrino

En el Alto do Poio, fuimos al albergue de doña Remedios, que resultó muy básico pero ellos simpatiquísimos, especialmente la señora, una gal
lega muy amable y conversadora.

Las bicis durmieron calentitas con los cerdos y las gallinas

Con Remedios, la hospitalera de Alto do Poio

Nos bañamos, vimos salir la luna llena entre las monta
ñas y cenamos buen caldo gallego y ternera y ya al salir, de acuerdo con el pronóstico, ya estaba nublándose.

Luna llena saliendo en Alto do Poio

2 octubre, Día 11: Hospital de Órbigo - Molinaseca

Distancia recorrida: 68.4 km


Desayunamos en el albergue, atendidos por un hospitalero siciliano muy simpático (quien explicó que él no podía hacer el camino, pero en su lugar, venía y trabajaba voluntario por dos semanas). Nos despedimos de Bent y Gro y salimos a las 8:30. Estaba a 10.4 grados.

Consultando la Guía de Antón Pombo, por enésima vez

Seguimos la opción del camino a la orilla de l
a carretera hasta Astorga, que aparte del cuestón que hay que subir para llegar al casco antiguo, resultó una ciudad muy bonita, con sus ruinas romanas, su ayuntamiento y plaza mayor.

Plaza Ayuntamiento, Astorga

Allí, nos metimos a un café a tomar chocolate caliente (también hay un Museo del Chocolate, pero mejor lo evitamos...) y coincidimos con otra pareja de ciclistas, éstos, italianos, de Abruzzo.

Catedral, Astorga

Salimos de Astorga siguiendo una carretera comarcal al lado del camino, pero después de El Ganso, estuvo un poco más difícil pues habían echado alquitrán y asfalto y no habían pasado la maquinaria. En uno de estos pueblitos, paramos a conversar con un señor ya mayor, quien nos contó cómo antes todas esas montañas hacia las que íbamos, ya estarían nevadas por esta época y que él estaba convencido de que había cambio climático, causado por todos esos cohetes que han mandado al espacio...

Palacio Episcopal (Gaudí), Astorga

Llegamos a Rabanal del Camino, que resultó ser un pu
eblito muy simpático, última parada antes de empezar a subir al Alto del Perdón.

Rabanal del Camino

Par
amos, Oscar se comió un bocadillo de salchichón y nosotros algo de fruta y jugo. Allí estaba una muchacha española que ha hecho el camino seis veces en siete años con su padre (la primera vez de 14 años).

Rabanal del Camino

La subida es bien parada, de 1200 a 1500 metros en 8 km. Empezamos a subir junto a la pareja italiana, pero ellos se fueron adelante. Oscar y Miguel iban subiendo bien y yo, despacito, detrás. Alcanzamos a otra pareja de ciclistas que habían parado a descansar - yo no quería parar!

Subiendo Cruz de Ferro, Miguel tenía energía para devolverse y tomar esta foto

Poco después, nos alcanzó una pareja alemana de ciclistas, que me pasó rápido y siguieron pedaleando con Oscar por un rato; Miguel se había ido adelante. Los alemanes pararon en Foncebadón, que es apenas un caserío con un albergue.

Ciclistas alemanes, subiendo Cruz de Ferro

Llegamos a Cruz de Ferro, donde un amable señor holandés que nos había pasado en su camper, se ofreció a tomarnos una foto.


Cruz de Ferro

Luego, s
aqué mis dos piedritas y fui a dejarlas al pie de la cruz. De pronto, me sobrecogió la emoción de pensar en mi gran suerte (Angel de la Guarda dedicado, buena estrella, bendiciones, lo que le quieran llamar) y me puse a llorar...

Cruz de Ferro

Seguimos hasta El Acebo, también un pueblito muy simpát
ico, donde nos metimos a comer un bocadillo de lomo con una cerveza en un bar donde tenían la tele con el programa a la espera de la decisión final de donde sería la sede de la Olimpiada del 2016 (que Madrid era candidata favorita). Se me ocurrió preguntar entre los presentes que si creían que sería bueno si Madrid ganaba y se armó la discusión, así que mejor pagamos y nos fuimos!

Oscar en Cruz de Ferro

De allí, llamé al albergue privado de Molinaseca, donde dijeron que no hacía falta reservar pues "había mucho campo".

Vista desde Cruz de Ferro, Manjarín

Empezamos a bajar, la cuesta bien empinada y el camino con muchas curvas. De camino vimos un letrero que decía algo como "Posada Anduriña" y me inspiró para bajar cantando Anduriña a todo pulmón (por dicha sólo Oscar y Miguel estaban por ahí).

Bajada de Cruz de Ferro

A eso de las 16:45 cruzábamos el puente romano/medieval de Molinaseca y encontramos el albergue, donde el hospitalero medio antipático nos dijo que
qué suerte teníamos pues eran los últimos tres campos que le quedaban... repartidos en dos habitaciones. Le dije que yo había llamado a reservar, pero bueno, por lo menos pescamos lugar.

Puente romano/medieval, Molinaseca

Amarramos las bicis en un patio abierto a la calle, nos duchamos, lavamos ropa y nos sentamos a tomar una cerveza con Josh, un peregrino angelino que acaba de terminar sus dos años de Cuerpo de Paz en Níger.

Molinaseca

Nos fuimos a comer a la fonda del Puente Romano, un caldo berciano muy rico (aunque a Miguel le salió un pedacito de vidrio...), lentejas, chuletas y un licor (para compensar por el vidrio...). Como ya me tocaba a mí el resfrío, me tomé la medicina antigripal y pronto me noquié, pero me desperté a las dos, pensando en si las bicis estaban seguras.

martes 20 de octubre de 2009

1 octubre, Día 10: Sahagún- Hospital de Órbigo

Distancia recorrida: 96.5 km



El ruido empezó a las 6:15am, con gente levantándose y yendo al baño. Nosotros nos levantamos a las 7 y fui a recoger la ropa lavada y seca que habíamos dejado la tarde anterior. Desayunamos en el albergue y coincidimos con dos bicigrinos españoles, quienes mencionaron que el pronóstico del tiempo decía que empezaría a llover el fin de semana, dándonos más incentivo para avanzar antes de que cambie el tiempo.

A las 8:30 íbamos saliendo de Sahagún, tomando "el Real Camino Francés" hacia El Burgo Ranero, lo que significó ir por una callecita pavimentada paralela al camino. Ahí, alcanzamos a la pareja de Burgos; yo me quedé pedaleando un rato con ella y conversando, pero iba bastante despacio y ya me tuve que despedir y seguir. Después de El Burgo Ranero, seguimos por la callecita ésta, muy cómoda, casi sin carros. Alcanzamos a otra pareja de ciclistas españoles.

En la planicie de Castilla-León

En Mansilla de las Mulas, nos topamos con una señora mayor en bici, que siguió con nosotros hasta salir del pueblo. Ya de aquí, la carretera tenía más tráfico y la cosa se puso más tensa; después, el camino va por un área donde están construyendo una nueva autovía y después siguen un par de cuestones donde nos alcanzó un brasileño que habíamos visto por primera vez en el albergue de Pamplona, y Miguel se picó con él en la subida. Al rato, pasó su compañero.

La entrada a León es confusa y tensa por el tráfico. Usa
mos las aceras para reducir riesgos. Paramos a comprar frutas y yogurt y seguimos al centro, pero Miguel se nos adelantó y nos perdimos por un rato, para encontrarnos finalmente frente a la Catedral, luego de que recogí el barrio húmedo buscándolo (buen pretexto para pasar por entre las callecitas del casco antiguo).

Catedral, León

Allí, mientras comíamos, nos echó conversona don Francisco P
érez Pérez, que nos recomendó qué ver, nos contó que tenía 92 años y había peleado en la Guerra Civil... y ahí se nos puso a llorar...

Dimos una vuelta por la Catedral, la casa de Botines (de Gaudí), la Basílica de San Isidoro y el Hostal de San Marcos, antes de empezar el calvario de salir de León, que estuvo escaso de flechas indicativas y por un área de mucho tráfico (como tratar de salir por Barrio Méjico, La Uruca y Barreal...), muy estresante!

Casa Botines, León

Hasta que llegamos a Fresn
o del Camino y por un rato, tuvimos camino bonito, pero había partes donde no había otra opción que tomar la carretera, con cantidad de carros y camiones (incluyendo varios llevando las aspas gigantescas de un molino de viento).

Hostal de San Marcos, León

Llegando a Villadangos del Páramo, alcanzamos a un francés, su esposa chilena y su hijo de 13 meses que llevaba a la espalda; conversamos un rato con ellos y seguimos.

Miguel y peregrino francés con su hijo

A las 5pm, íbamos entrando finalmente a Hospital de Órbigo, con su puente romano/medieval (cada año tienen una feria medieval donde hacen justas) y al Albergue San Miguel, donde el hospitalero nos recibió amablemente, las bicis quedaron bien guardadas bajo las gradas, nos tomamos una cervecita para celebrar nuestra distancia recorrida más larga (Oscar quería salir y dar vueltas hasta llegar a 100km...), nos duchamos y salimos al super, a comprar pasta, tomates, mejillones y hongos para hacernos la cena en la amplia cocina del albergue.

Hospital de Órbigo


Río Órbigo

La preparación de la cena estuvo muy social, compartimos con una pareja danesa: Ben y Gro, quienes venían desde Francia. Gro había vivido muchos años en Barcelona y habla perfecto español.